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LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA, FILOSÓFICA Y ARTÍSTICA EN EL CONTEXTO DEL ORDEN CLIENTELISTA E IMPRODUCTIVO DE LA UNIVERSIDAD DE LOS LLANOS

Alfonso Morales Romero

Profesor Universidad de los Llanos

“El hombre es el único zorro que instala una trampa, le pone una carnada y luego mete la pata”

John Steinbeck

““Si buscas resultados distintosa no hagas siempre lo mismo”

Albert Einstein

Finalizando el primer lustro de la segunda década del siglo XXI, las evidencias ya no susurran, como en el siglo XIX, ya no hablan la tonada normal de la pre-ocupación, como en el siglo XX, sino que gritan a todo pulmón y lastiman los oídos, al menos, los de los seres humanos que tienen ojos críticos para el presente y el pasado y otean alarmados el futuro cercano: esta “época planetaria la bautizaron los científicos como ‘la era del Antropoceno’, es decir ‘la era del ser humano’ que está provocando cambios tan brutales como los que propiciaron la extinción de las plantas gigantes o la de los dinosaurios. ‘Estamos llegando al punto de destrucción de la biodiversidad en el que ya no hay regreso’” , lo cual ubica una alerta amarilla con manchas rojas apocalípticas.


Nunca antes la especie humana requirió tanto de una apuesta decidida por convertir en asunto estratégico la investigación científica, filosófica y artística, radicalmente crítica, para develar la complejidad de una maquinaria cuya ansiedad la conduce a un consumo y una agresividad insaciables, tenebrosamente depredadores y destructores.


La mayoría de los seres humanos, empezando por sus élites, no saben, o no quieren saber, que el homo “sapiens” “sapiens” es el único zorro que ha instalado una trampa, dirigida “exclusivamente” a otras especies y a los más vulnerables de sus congéneres, en la que termina cayendo toda la especie humana, que muerde con especial deleite su carnada, propiciando su propia, y nada lenta, destrucción, y la de los ecosistemas que le son inherentes(su morada y la de los demás). ¿Cometerá lucidez estratégica el ser humano, colocando como asunto esencial la investigación científica, filosófica y artística, radicalmente crítica, para escapar a la trampa de su inevitable autodestrucción y la de los filisteos también, aunque no todos, pues las bacterias son verdaderos zorros?


La prevalencia del gen mezquino (primero yo, segundo yo, lo que sobre para mí y el resto que coma grava) no da lugar a optimismos: sin embargo, no es imposible que dicha tendencia cometa un “error” de marca mayor y asegure la hegemonía del gen egoísta (primeo yo, segundo José, tercero María, luego el conejo, el samán, la bacteria, etc.). Lo que claramente no se puede pretender “…es hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes”. Que el elefante pase y los ojos de la especie humana, como tendencia general, no lo vean, es la apuesta del pierde-pierde, pues “no hay peor ciego que quien no quiere ver”.


De la misma manera que para el mundo, nunca antes la investigación científica, filosófica y artística, radicalmente crítica (o, incluso, mínimamente crítica), resulta tan importante y urgente, a la vez, en esta segunda década del siglo XXI, para la nación colombiana, pues, los indicadores así lo validan: es la primera oportunidad seria en el que la élite tradicional y muchos sectores de la vida nacional, apuestan por la llegada de una tímida modernidad –crítica?- (la fuerza de la razón en lugar de la violencia física y simbólica, propia de la pre- modernidad) que oriente el devenir político, social y económico del país.


Que dicha apuesta no sea engullida por la voracidad de las ideologías (credos políticos o de otra naturaleza), provocando otra frustración telúrica y secular en el tejido cultural, va a depender de una re-organización-re-orientación de la investigación científica, filosófica y artística, gestionando, al menos, una crítica consistente mínima, para conjurar el riesgo del fuego abrazador en las espuelas ideológicas. Un botón de muestra, saludable, vigorizante, de ese tipo de investigación, es el informe de la comisión histórica del conflicto, de reciente divulgación, en el contexto del proceso de paz que se desarrolla en la Habana. Una sana reflexión, con las validaciones propias de esa clase de investigaciones vale un potosí, mientras una división de tanques, desmintiendo a Stalin, en la pre-modernidad, es solo resta, incluso, para quienes los teledirigen.


El reto ya está en muchas mesas: ¿saldrá la nación colombiana de la trampa que ella mismo se tendió al privilegiar las ideologías y sus puñales candentes sobre la fuerza de la razón, críticamente validada por la investigación científica, filosófica y artística? Las elites tienen gran parte de la responsabilidad al frente, pero no están exentas de la misma, los demás sectores de la vida nacional, representados en sus respectivas ideologías y/o concepciones científico-filosóficas. Hacer concesiones ideológicas mínimas pero sensibles, dando lugar decisorio a las luces críticas de la ciencia, la filosofía y el arte es la única manera de ir vulnerando el hierro de la trampa, para “…hacer cosas diferentes y esperar resultados diferentes”. ”. Que el elefante pase y los ojos de la colombianidad, como tendencia general, no lo vean, es la apuesta del pierde-pierde, pues “no hay peor ciego que quien no quiere ver”.


El paisaje de la Universidad de los Llanos no es distinto de los dos anteriores: es indudable que la fragilidad administrativa, académica (investigación y proyección social) y curricular de Unillanos montó la trampa, puso la carnada y cayó, felizmente (la tendencia general), en ella. Al día de hoy, el cáncer clientelista e improductivo (poner lo público al servicio de la mezquindad de grupos, de clientelas particulares), amenaza con devorar, también, a los depredadores que lo prohijaron y consolidaron.

El verdugo convertido también en reo, rumbo al patíbulo. Los diversos indicadores (basta con citar la inversión en investigación y sus resultados, exiguos todos, si se los compara con la mayoría de las universidades estatales y las privadas de élite) muestran que el monstruo clientelista se está mordiendo agresivamente su propia cola con dentelladas voraces, destrozando sensiblemente su viabilidad productiva, en sus funciones misionales, y por tanto, en la perspectiva de su acreditación de calidad institucional. A ese ritmo, las heridas fatales para una agonía prolongada (¿eterna?) no tardarán en llegar si es que no han llegado ya.


El orden clientelista e improductivo, férreamente consolidado en la Universidad de los Llanos, hace agua por todos lados: como simplifica al máximo la realidad real, todo lo hace tortuosamente complicado, invirtiendo y/o gastando 5-10 veces más energía para una acción simple, de la que una lógica sencilla, científica y productiva, demandaría. Igual que los otros sistemas, el de investigaciones, con la hegemonía del formato ciego, se ha vuelto tenebrosamente laberíntico e infértil, convirtiendo la investigación científica, filosófica y artística, como tendencia general, en una simulación de la astucia indecente.


El orden clientelista e improductivo en la Universidad de los Llanos, termina, entonces, entronizando el reinado de la astucia indecente, que, como tendencia general, transforma en “investigador” a quien logra la destreza de diligenciar los formatos, hábilmente urdidos, desterrando, o disminuyendo, por cansancio, al auténtico investigador, homologando el analfabetismo científico, filosófico, artístico con la ciencia postulada por Carl Sagan y ejercida por las comunidades científicas, debida y responsablemente reguladas, y en la feria de las vanidades y de los cambalaches, “…cualquiera es un señor , cualquiera es un ladrón...todo es igual, nada es mejor” y los contratistas hacen su agosto, hasta que la vaca aguante.


Lo mismo que para el mundo y la nación colombiana, nunca antes la Universidad de los Llanos había requerido de una investigación científica, filosófica y artística mínimamente crítica. Hasta para los propios grupos clientelistas que la hegemonizan, representados en sus respectivos credos, ven amenazada la savia, sensiblemente disminuida, que los alimenta. El mana no es eterno y no hay cama pa’ tanta gente, e incluso, pasado cierto umbral, la progresión aritmética del clientelismo ya no es tolerable en términos de viabilidad institucional. No digamos, la geométrica.


La Universidad de los Llanos ha puesto la trampa y ésta la ha atrapado con fuerza de dragón. Colocar como asunto estratégico la investigación científica, filosófica y artística, más temprano que tarde, gestará luces críticas que representarán los dardos para debilitar la fuerza del monstruo clientelista e improductivo, que gangrena todo el sistema de investigaciones. Luces críticas junto a la ciencia administrativa para gestionar el saneamiento y la idoneidad de los componentes evaluación (de los proyectos y demás), tramitaciones, recursos financieros, talento humano administrativo, logística de publicaciones, logística de espacios (confortables y seguros), de baterías sanitarias de equipos y materiales, relación interuniversitaria (con la rectoría, la vicerrectoría de recursos y la académica, la oficina de sistemas y de servicios generales, por ejemplo), relación extrauniversitaria(sector productivo y comunidad nacional e internacional), etc., etc., todo ello para convertir el sistema de investigaciones en un sólido y efectivo orden productivo emancipador y cumplidor de la misión y la visión de Unillanos, la universidad descara y de espaldas a la sociedad .


Lo que los grupos clientelistas y la comunidad educativa de la Universidad de los Llanos, en general, “no pueden esperar es hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes”. Que el elefante pase y los ojos de la comunidad educativa de Unillanos, como tendencia general, no lo vean, es la apuesta del pierde-pierde, pues “no hay peor ciego que quien no quiere ver”.


Esta puede ser la hora para que los profesores-investigadores y otros académicos (as), liderados por la Dirección General de Investigaciones de la Universidad de los Llanos, se esfuercen por ver el elefante, hagan cosas diferentes en relación con la función misional investigación: asumir el reto, rigurosamente y con especial empeño, de colocarla y ejercerla como asunto estratégico, desestructurando su regulación clientelista, improductiva y simuladora, conducirá a resultados diferentes, luces críticas, productivas y enriquecedoras, que la comunidad educativa, la región, la nación colombiana y el mundo, sabrán reconocer y gratificar, pues nunca antes, el elefante, para las tres realidades expuestas, había representado un peligro tan macabro como en el presente horizonte de época.





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