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¿CARECEMOS DE INTELIGENCIA TERRITORIAL PARA PROPONER UN MODELO PRODUCTIVO RESPONSABLE EN LA ORINOQUIA?


“El desarrollo sostenible no es una meta a la que llegar sino una forma de viajar”.

M. Novo.


Es claro que la Orinoquia ha entrado al circuito globalizador de los sistemas agrarios de producción. A partir del año 2010 se observa un crecimiento de la superficie sembrada con monocultivos (arroz, soya, maíz, palma de aceite y silvicultura con especies exóticas) en la que los grandes capitales inversionistas nos han “descubierto” como la gran frontera que permite expandir su base económica y evitar así la intervención inmanejable de sus propios ecosistemas.


En tal coyuntura, se han aprovechado de la penuria de las instituciones locales y regionales que pudieran hacer frente a la crisis de sustentabilidad asociada – que sigue siendo una crisis global con graves impactos locales- y tal como lo ha planteado Guimarães (1991), tal modelo productivo, más allá de generar una crisis ecológica lo que está produciendo es una crisis eco-política, es decir, relacionada con los sistemas institucionales y de poder que regulan la propiedad, el uso y la distribución de los recursos en los territorios neo-colonizados. Se habla entonces de la necesidad urgente de incorporar un marco de inteligencia territorial – de transición socio-ecológica- en la toma de decisiones políticas y económicas ante un modelo productivo que está alterando las redes dinámicas de la base natural de producción. Hoy día, ante instituciones evidentemente disfuncionales para garantizar que el modelo no desate problemas irreductibles, los orinoquenses nos vemos avocados a activar alarmas ante una crisis natural de proporciones jamás observadas en los llanos colombianos.


Se ha denunciado también, que el desarrollo económico planetario basado en el despilfarro de los recursos naturales y humanos, está aumentado de diversas formas, la vulnerabilidad de los sistemas naturales y de algunos grupos sociales en territorios intervenidos por el modelo productivo que se va desplazando a nuevas áreas de diversos continentes como es el caso de Sudamérica. En la Orinoquia, se han iniciado los cambios aceptando la necesidad de insertarnos en la globalidad económica y en circuitos de mercado más dinámicos, pero desde ahora, incluso aceptando como buena la intención, se advierte que la ejecución es pésima. Por ejemplo, el modelo agrícola ha comenzado a intervenir severamente los paisajes, simplificándolos, llevándoles hacia una nueva estructura del agroecosistema, que con la expresión del potencial de las nuevas tecnologías requiere, se configura en expansión superficial de las tierras de cultivo con un uso más intensivo del recurso agua, en detrimento de los otros usos del territorio: no es accidental la desaparición de la ganadería de baja intensidad como componente móvil del agroecosistema, interconector entre los distintos espacios y competidor en la captación de los flujos energéticos.


A pesar de que el actual y oportuno paradigma indica que las tierras en la altillanura son aptas sólo para la agroindustria, un estudio reciente de las Universidades Javeriana, de los Llanos y OXFAM, señala que por el contrario, estas sí son aptas para la producción agrícola familiar (Forero et al, 2015). De lo escrito por ellos, se puede deducir que el modelo de monocultivos intensivos incide empobreciendo la canasta de productos de la agricultura rural lo cual a su vez, disminuye el auto-consumo de los campesinos que tradicionalmente han incorporado autoproducción y servicios ambientales a su dieta, como por ejemplo peces, aves y frutos nativos de oferta estacional. La apropiación humana de la producción primaria neta está provocando el descenso de la biodiversidad, pero también una elevación de la producción; a ello contribuyen decisivamente la incorporación masiva de insumos y el uso de los recursos hídricos en el agroecosistema - el aumento sostenido de la productividad de la tierra y del trabajo, sólo es posible mediante el aumento correlativo de la huella oculta, es decir mediante la importación de energía y materiales- En consecuencia, el incremento de la producción física del agroecosistema va haciendo, que en la misma cuantía se vaya “importando territorio”, simplificando el paisaje y la biodiversidad. La mayor productividad del territorio no puede considerarse como eficiente, cuando la misma está basada en la ineficiencia energética del modelo, sólo viable, a partir de gestionar subsidios energéticos, generalmente asumidos con recursos del estado, es decir, recursos de todos los connacionales.


Adicionalmente, el modelo plantea el uso intensivo e indiscriminado de pesticidas y de organismos genéticamente modificados. En general, el 85% de la producción mundial de plaguicidas se utiliza en el sector agrícola, el 10% de la producción mundial se utiliza en campañas sanitarias para el control de vectores y el 5% en productos almacenados, en el sector ganadero, en áreas públicas, en casas y edificios para el control de plagas como insectos y roedores. Las sustancias químicas empleadas en los procesos de producción causan contaminación del agua, el aire y los alimentos, generando riesgos significativos para la salud pública, la productividad y los ecosistemas. Colombia, ocupa el preocupante cuarto lugar entre las naciones del mundo que más usan pesticidas (Insecticidas, fungicidas y herbicidas) (FAO, 2012). Alrededor de 20 ton por cada mil hectáreas de cultivo, los herbicidas representan aproximadamente el 40% del volumen de los pesticidas utilizados, como en el resto del mundo, aquí también el glifosato (GP) es uno de los herbicidas más aplicados por el modelo productivo. En general, se admite que cuando la solubilidad es mayor a 30 ppm, existe un riesgo potencial de que el plaguicida alcance el agua subterránea.


En esta región el uso de fertilizantes y otros agroquímicos en la agricultura pudiera estar desde ahora generando fenómenos de eutroficación por su descarga continua en sistemas acuáticos (proliferación de algas, cambios en la estructura de las comunidades bióticas, disminución de la biodiversidad, mortandad de peces, agotamiento del oxígeno disuelto). Por otra parte, algunos estudios previos (Eslava et al., 2007) han advertido que el mal uso de los plaguicidas y de organismos genéticamente modificados con resistencias introducidas pudieran generar impactos en especies no blanco (objetivo) y consecuentemente, sobre la biodiversidad orinoquense.


Las alarmas encendidas sobre la intervención del modelo en los ecosistemas orinoqueses, especialmente en relación con las aguas superficiales y subterráneas en zonas de delicado equilibrio, como es el caso de los ríos que se originan en la altillanura, o en las sabanas inundables de Casanare por ejemplo, no se pueden sosegar hasta conocer datos científicos y técnicos sobre concentraciones de pesticidas en suelos y aguas, para referirnos a una sola arista del problema, la que tiene que ver con el uso de agro-químicos. Estudios sobre el impacto de los nuevos emprendimientos en las poblaciones silvestres de mamíferos, aves, peces, crustáceos, macro y micro-invertebrados asentados en relación con los humedales, caños y ríos de la Orinoquia también son necesarios. Lamentablemente no se conocen datos oficiales sistemáticos que puedan ser confiables sobre tal monitoreo ambiental efectuado en los últimos años en relación con agro-ecosistemas de reciente implementación. Los Ministerios de Salud, Agricultura y Medio Ambiente en colaboración con las Secretarías de Salud departamentales, las Corporaciones Autónomas Regionales y las regionales del ICA respectivamente, tienen funciones sobre la vigilancia y el control para el almacenamiento, transporte, distribución y expendio de pesticidas. Pero como se ha señalado en diversos foros y documentos, en Colombia no obstante la existencia de autoridades para el control de los plaguicidas en el orden agronómico, sanitario y ambiental, se presentan dificultades en términos normativos, administrativos y operativos, lo cual es mucho más precario en la Orinoquia.


Surge entonces la pregunta ¿Es posible un uso intensivo y eficiente del territorio orinocense para la producción de alimentos y bienes agrícolas realmente sostenible? Si, desde luego que lo és, pero su punto de partida está en el cambio de muchos paradigmas de desarrollo y productividad, donde prime la eficiencia energética del modelo que genere autonomía, cuando la biodiversidad sea una expresión activa y determinante de la productividad y cuando la integración agrícola y pecuaria, sea una búsqueda de transformación del potencial productivo de la Orinoquia. La complejidad tropical es la base sustantiva de la productividad del territorio, pero no solo demanda conocimiento y capacidad de interpretación, demanda una sociedad que entiende la diferencia de estar privilegiadamente ubicados en la línea ecuatorial y lo que ello representa.


Dada la necesidad de aportar respuestas a nivel del territorio, que es donde se enfrentan a los costos sociales y medioambientales de la globalización, el concepto de inteligencia territorial (IT) desarrollado por grupos de investigadores europeos a mediados de los años 80s (Girardot, 2000) nos permitiría proponer una reflexión prospectiva sobre los retos económicos, sociales, medioambientales y culturales de la globalización en el ámbito territorial de la Orinoquia. La IT puede producir conocimientos sobre las dinámicas territoriales, especialmente sobre las necesidades de las personas y los recursos disponibles, y lo hace mediante el diseño e implementación de herramientas para la observación y evaluación estratégicas por parte del conjunto de actores territoriales directamente involucrados en la gestión de las tensiones ligadas al desarrollo territorial sostenible. La inteligencia territorial inscribe sus investigaciones pluridisciplinares en la perspectiva de la combinación de los objetivos económicos, sociales, medioambientales y culturales del desarrollo en el marco de una transición socio-ecológica. Por ello instamos a los Grupos de investigación de la Orinoquia Colombiana a reflexionar sobre los problemas del modelo en ejecución, a formular y responder preguntas pertinentes, y sobre todo, generar caminos alternativos de IT cuyos resultados no sigan la misma senda en términos de concentración del poder económico, del paso de la dependencia económica a la exclusión, la desnacionalización de las economías, la construcción de sociedades de mercado y por esa vía, de individuos heterónomos incapaces de calcular y reclamar civilizadamente sobre los problemas derivados de la deuda ecológica y social del modelo que se ha ido imponiendo. En concordancia con lo anterior, a partir de este número, la Revista Orinoquia, incluirá una sesión del Doctorado en Ciencias Agrarias, debidamente sometida al arbitraje de pares científicos, para difundir conocimientos y debatir la problemática de los Sistemas agrarios orinoquenses y colombianos.


Agradeciendo de ante mano la retroalimentación recibida en nuestra página web:

Pedro René Eslava Mocha

UNILLANOS, Editor General Revista Orinoquia.


Referencias.


FAO, 2012 En: Estudio sobre Plaguicidas en Colombia 2013, Grupo de Estudios económicos: Dennis Sánchez Navarro, Jenny Paola Gutiérrez, Jacobo Campo Robledo y Juan Pablo Herrera Saavedra: http://www.sic.gov.co/drupal/recursos_user/documentos/Estudios-Academicos/Documentos-Elaborados-Grupo-Estudios-Economicos/7_Estudio_Sobre_Sector_Plaguicidas_Colombia_Diciembre_2013.pdf Fecha de acceso: 25-Jul. 2015.


Forero J; Yunda C; De Vargas M; Rodriguez-Bernal C & León –Parra A (2015) La viabilidad de la agricultura familiar en la altillanura colombiana. ISBN978-958-58522-4-2. 59pp.


Guimarães R. 2003. Tierra de sombras: desafíos de la sustentabilidad y el desarrollo territorial y local ante la globalización corporativa. CEPAL Serie Medio Ambiente y Desarrollo No. 67 ONU, Santiago de Chile, 62pp.


Girardot, J.-J., 2000. “Principes, Méthodes et Outils d’Intelligence Territoriale. Évaluation participative et Observation coopérative”. En Conhecer melhor para agir melhor, Actes du séminaire européen de la Direction Générale de l’Action Sociale du Portugal, EvORA (Portugal), 3-5 mai, 2000, DGAS, LISBONNE, décembre 2000, 7-17.


Girardot, J.J. Inteligencia Territorial y Transición Socio-Ecológica. Trabajo, [S.l.], v. 23, mar. 2011. ISSN 2173-6812. Disponible en: href="http://uhu.es/publicaciones/ojs/index.php/trabajo/article/view/956. Fecha de acceso: 26 jul. 2015Guzmán & González de Molina 2008. Revista Iberoamericana de Economía Ecológica Vol. 7: 81-96 URL: http://www.redibec.org/IVO/rev7_05.pdf. Fecha de acceso: 25-Jul. 2015.







DO WE LACK TERRITORIAL INTELLIGENCE TO PROPOSE A RESPONSIBLE MODEL OF AGRICULTURAL PRODUCTION FOR THE ORINOCO REGION?


"Sustainable development is not a goal to which we arrive, but rather a means of travel.".

M. Novo.


It is clear that the Orinoco region has entered the global circuit of agricultural production systems. From the year 2010, there has been an increase in the area planted with monoculture (rice, soybeans, corn, oil palm and forestry with exotic species) in which foreign investors with large sums of capital have "discovered" us as the great frontier that allows them to increase their economic base and avoid the unmanageable intervention in their own country’s ecosystems.

At this juncture, those investors in Colombia have taken advantage of the shortage of local and regional institutions that can cope with the crisis associated with sustainability - which continues being a global crisis with serious local impact - such as mentioned by Guimarães (1991). Such an agricultural production model, beyond generating an ecological crisis, is also causing an eco-political crisis, that is, a crisis related with the institutional and power systems governing the ownership of property, the use and distribution of resources in the territories that have been recently colonized.


This addresses, therefore, the urgent need of incorporating a framework of transitional socio-ecological territorial intelligence in the making of political and economic decisions in light of an agricultural production model that is altering the dynamic networks of the former means of production. At the present time, due to institutions that are evidently dysfunctional for ensuring that the agricultural model does not unleash irreducible problems, we, who are of this Orinoco region, feel obligated to set off alarms regarding changes in the environment in proportions never seen before in the Colombian plains.


It has also been denounced that the global economic development based on the waste of natural and human resources has increased in various ways, the vulnerability of natural systems and some social groups that formerly lived in the territories now affected by the agricultural production model are moving to new areas in different continents, such as is taking place in South America.


In the Orinoco region, changes have begun to take place, after we accepted the need to insert ourselves into the global economy and into more dynamic markets. But from now, even though we accept the initial intention as having been good, the warning is that the execution has been terrible. For example, the agricultural model has begun to seriously alter the landscapes, simplifying them, taking them towards a new structure of agro-ecosystem, with the expression of the potential of the new required technologies, which are set on the expansion of farmland with more intensive use of water resource, to the detriment of the other uses of the territory.


Thus, it is no accident that low-intensity livestock has disappeared as a mobile component of the agro-ecosystem, as an interconnector between the different spaces and competitor in the use of energy. Although the current paradigm indicates that the soils in the Eastern plains of Colombia are suitable only for agribusiness, a recent study by members of the University Javeriano, the University of the Llanos, and another institution, OXFAM, says that, on the contrary, that they are suitable only for agricultural production by family farms (Forero et al, 2015).


From what is written by them, it can be deduced that the model of intensive monocultures impoverishes the assortment of crops produced by rural agriculture, which in turn, reduces self-consumption by the farming communities, which traditionally have grown and taken from their environment all that they have needed in their diets, such as, fish, poultry, and the seasonal supply of native fruits. Human appropriation of net primary production not only is causing a decline in biodiversity, but also a rise in production. Contributing to this increase in production is the massive incorporation of pesticides for agriculture, fertilizers, etc. and the use of water resources in the agricultural ecosystem - the sustained increase in productivity of land and labor, is only possible through a correlative increase of the hidden footprint, that is, by importing energy and materials. Consequently, the increase in physical production by the agro-ecosystem is doing a similar thing, as it goes "importing more pesticides, fertilizers, etc, for agriculture", it’s simplifying the landscape and biodiversity.


The higher productivity of the territory cannot be considered to be efficient, when it is based on the energy inefficiency of the agricultural model, when its only feasible due to energy subsidies, usually made with governmental resources, i.e., with money from taxes of all fellow citizens. Additionally, the model poses an intensive and indiscriminate use of pesticides and genetically modified organisms. Overall, 85% of world production of pesticides is used in agriculture, 10% of the world production is used in health campaigns to control vectors, and another 5% is used in stored products, in the livestock sector, public areas, houses and buildings to control pests, such as, insects and rodents. The chemical substances used in agricultural production cause pollution of water, air and food, generating significant risk to public health, productivity, and ecosystems. Colombia occupies the worrisome fourth place among the nations of the world that uses the most amount of pesticides (insecticides, fungicides and herbicides) (FAO, 2012).


About 20 tons of pesticides are used for each thousand hectares of crops. The herbicides account for about 40% of the volume of pesticides used. Here also, as in the rest of the world, glyphosate (GP) is one of the most applied herbicides by the agricultural production model. In general, it is recognized that when its solubility is greater than 30 ppm, there is a potential risk that the pesticide will reach the underground water. In this region, the use of fertilizers and other agrochemicals in agriculture for their continuous discharge in aquatic systems, could from now be generating a phenomena of eutrophication (i. e., rapid algal growth, changes in the structure of biotic communities, reduced biodiversity, fish mortality, and the depletion of dissolved oxygen). Moreover, some previous studies (Eslava et al., 2007) have warned that the misuse of pesticides, and genetically modified seeds with introduced resistances, could generate impacts on non-target species, and consequently on the biodiversity of the Orinoco region.


Alarms were set off about the use of this agricultural model in the ecosystems of the Orinoco region, especially concerning the surface and underground water in areas where it is in delicate balance , such as, is the case of rivers originating in the Eastern plains of Colombia, or in the flooded savannas of the state of Casanare. For example, one cannot be calm knowing the scientific and technical data on concentrations of pesticides in the soil and water. That refers only to a small part of the problem that has to do with the use of agro-chemicals. Studies on the impact of the new developments on the populations of wild mammals, birds, fish, shellfish, macro and micro-invertebrates living in the wetlands, streams and rivers of the Orinoco region are also needed. Unfortunately, no official data from systematic environmental monitoring is known to have been carried out in recent years in relation to agro-ecosystems. The Ministries of Health, Agriculture and Environment, in collaboration with the regional health departments, the Regional Autonomous Corporations, and regional ICA offices, respectively, have functions on monitoring and control for storage, transport, distribution and sale of pesticides.


But as noted in various forums and documents, in Colombia despite the existence of authorities to control pesticides from the agronomic, health and environmental standpoints, difficulties arise in regulatory, administrative, and operational terms, which is much more precarious in the Orinoco region. Then, the question arises. Is the intensive and efficient use of the Orinoco region for the production of food and agricultural goods really sustainable? Yes, of course it is. But for its starting point, one needs to change many paradigms of development and productivity, where the energy efficiency model is of prime importance, one that generates autonomy, when biodiversity is an active and decisive expression of productivity, and when crop and livestock integration is a search for transformation of the productive potential of the Orinoco region. Tropical complexity is the fundamental basis for the productivity of the territory, but it demands not only knowledge and ability to interpret, it also demands a society that understands the difference of being privileged to be located on the equator and what it represents. Given the need to provide responses at the level of the territory, where one faces the social and environmental costs of globalization, the concept of territorial intelligence (TI) was developed by groups of European researchers in the mid-80s (Girardot, 2000), which would allow us to propose a prospective reflection on the economic, social, environmental, and cultural challenges of globalization in the environment of the Orinoco region. TI can produce knowledge about territorial dynamics, especially about the needs of the people and the available resources, and does so through the design and implementation of tools for monitoring and strategically evaluating set by the territorial actors directly involved in the management of tensions linked to the sustainable territorial development.


Individuals with territorial intelligence conduct their multidisciplinary research in view of the combination of economic, social, environmental and cultural development objectives in the context of a socio-ecological transition. For this reason, we urged the research groups of the Orinoco region of Colombia to reflect on the problems of the agricultural model that is presently being used, and to formulate, and answer relevant questions, and above all, to generate alternative ways of TI whose results do not follow the same path in terms of the concentration of economic power, to pass from economic dependency to exclusion, the denationalization of economies, building of market societies, and in that way, resulting in heteronomous individuals who are unable to calculate and reclaim civilly about the problems arising from the ecological and social debt that is resulting from the present agricultural model that is being imposed on them.


In line with this, future issues of this publication, Revista Orinoquia, will include a section from the Doctorate in Agricultural Sciences program, properly submitted to the arbitration of scientific peers, to share knowledge, and discuss the problem of the agricultural systems used in the Orinoco region of Colombia.


Thanking you in advance for any feedback received on our website:

Pedro René Eslava Mocha,Pedro René Eslava Mocha, associate professor

UNILLANOS, Orinoquia Magazine Editor.


References.


FAO, 2012 En: Estudio sobre Plaguicidas en Colombia 2013, Grupo de Estudios económicos: Dennis Sánchez Navarro, Jenny Paola Gutiérrez, Jacobo Campo Robledo y Juan Pablo Herrera Saavedra: http://www.sic.gov.co/drupal/recursos_user/documentos/Estudios-Academicos/Documentos-Elaborados-Grupo-Estudios-Economicos/7_Estudio_Sobre_Sector_Plaguicidas_Colombia_Diciembre_2013.pdf Fecha de acceso: 25-Jul. 2015.


Forero J; Yunda C; De Vargas M; Rodriguez-Bernal C & León –Parra A (2015) La viabilidad de la agricultura familiar en la altillanura colombiana. ISBN978-958-58522-4-2. 59pp.


Guimarães R. 2003. Tierra de sombras: desafíos de la sustentabilidad y el desarrollo territorial y local ante la globalización corporativa. CEPAL Serie Medio Ambiente y Desarrollo No. 67 ONU, Santiago de Chile, 62pp.


Girardot, J.-J., 2000. “Principes, Méthodes et Outils d’Intelligence Territoriale. Évaluation participative et Observation coopérative”. En Conhecer melhor para agir melhor, Actes du séminaire européen de la Direction Générale de l’Action Sociale du Portugal, EvORA (Portugal), 3-5 mai, 2000, DGAS, LISBONNE, décembre 2000, 7-17.





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