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DESDE LA RETÓRICA Y LA DIALÉCTICA A LA ENSEÑANZA



Miguel Macgayver Bonilla Morales


Aristóteles planteaba unos componentes interesantes en la retórica y la dialéctica, particularmente, asociados al arte de la persuasión con base en el conocimiento, y no en la manipulación, arte de los “politiqueros”. De esta manera, el manejo de una disciplina, área o campo de especialidad, que alguien desempeña y enseña involucra generar un discurso con componentes científicos, y no supersticiosos o inverosímiles. Por ello, el pensador griego plantea tres ítems simultáneos para conquistar esta premisa: logos, ethos y pathos; tres momentos para ser uno, tres engranajes que desarrollan en una persona el interés y la profundidad en un tópico del conocimiento, que podrá enseñar con certezas, producto de las conquistas de la ciencia y ahondar en las dudas que se generan.


Siguiendo lo establecido por el filósofo griego, la palabra se constituye desde el hacer, una acción realizada y estancada en el tiempo histórico, por lo que cumple la denominación griega del lôgos. Alcanzar una acción que comprenda el logos, involucra una reflexión que se construye mediante discusiones, prejuicios y juicios, razonamientos, y hasta la no-razón. Desde esta perspectiva, el logoi incluye el verbum, pues no basta con la acción pensada; hay que realizarla, pues hay poca coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, propio del “yo quiero anarquista, malcriado.” La autonomía demanda ser consecuente con lo que se dice y hace, manejar la propia nave de la vida implica más esclavitud y menos actos deliberados o inconscientes de libertinaje. La ciencia involucra al logoi como tratado de estudio que debe tener componentes demostrables bajo el argumento del experimento y del hecho, por lo que hablar o publicar implica demostrar cómo se hicieron las cosas, qué se alcanzó, hasta dónde se puede llegar y qué se puede esperar a futuro.


Consecuente con lo anterior, la conducta, el ethos, define el comportamiento de un individuo y los patrones que establece en su vida para desarrollarse ante el entorno, pero, también, incluye su deseo más interior. Por tanto, alcanzar su deseo le implica adquirir una nueva conducta que, con disciplina y entusiasmo, lo llevarán a tocar la punta del Everest que, con tanto amor, anhela besar. Así, los sueños son alcanzables al modelar los comportamientos presentes. Un esfuerzo colosal, desde el interior, para una expresión en un entorno, que en la mayoría de los casos resulta diferente a lo idealizado, lo cual “obliga” el esfuerzo por la coherencia: “esfuerzo persistente”.


De las palabras tratadas, pathos es la más interesante, pues no se puede quedar en lo que comúnmente sufre el cuerpo cuando lo atenta un componente inmunológico como “no-propio”, y en el peor de los casos, el “propio”, sino es “todo lo que siente y experimenta el alma”. Cuando alguien ama, experimenta un sinnúmero de cosas que hacen de lo imposible algo posible. Y todo esto, lo siente, vive y celebra el cuerpo con sus respectivos altibajos. Bajo esta tónica, no se concilia el sueño de la emoción, pues se vive el “yo soy”, porque se empieza a padecer, a enfermar y sentir ese cuadro sintomático de lo que uno logra ser. Somos lo que queremos, y en esto se resume, el pathos, esa no-razón que se mezcla con los tintes de la razón, para encausar el mar de la vida en un ser que tiene conquistas diarias de lo que desea.


Un “yo soy”, no puede ser sin un “yo somos”, pues el sentido individualista del ser humano niega la colectividad, pues el individuo puede constituir peldaños en grupo para crecer, como lo hacen los organismos multicelulares. La conciencia del individuo implica una conciencia social, por tanto, unas reglas en conjunto son importantes, como los organismos en su regulación celular. De lo contrario, no existiría un orden y caeríamos en la idea de jugar a ir “más allá del bien y del mal” desde el individuo, sin pensar en el grupo, un acto importante de supervivencia, pero a su vez, de mezquindad. En las instituciones educativas, queda la inquietud de los formadores que son informantes y deformadores, que sueñan con cambiar y hacer mejor al país, pero su ejercicio de enseñanza no ha experimentado la dinámica educativa del logos, ethos y pathos.





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