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JUSTICIA Y DEMOCRACIA: UNA RELACIÓN INDISOLUBLE



Alfonso Morales Romero

Profesor Universidad de los Llanos



Víctor Hugo, el inmortal autor de Los miserables, propone a la especie humana, en su pensamiento “ser bueno es fácil, lo difícil es ser justo”, un desafío sugestivo y maravilloso, por el alto grado de dificultad que entraña.


Ser bueno o malo no tiene ciencia; supone el ejercicio de la ley del mínimo esfuerzo y “máximo de rendimiento”: “Si alguien te pide un pescado, dale muchos pescados y nunca le enseñes a pescar”. Claro, el problema está en que, finalmente, el pescado se le puede acabar al dador, como el petróleo, que permite abusar del asistencialismo, depreciarse, seriamente y, algún día, no tan lejano, acabarse.


Ser bueno o malo no tiene ciencia; supone, a punta de motosierra y otros artefactos, matar y comer del muerto, aterrorizar masas de campesinos, para que miles de hectáreas de palma pelechen, de la noche a la mañana. La ley del mínimo esfuerzo para hacer florecer la agroindustria del aceite: se hace asistencialismo bondadoso, como el de Agroingreso Seguro del exministro Arias, con grandes millonarios, y se es malo, aterrorizador, con miles de campesinos a quienes se expulsa a las ciudades para engrosar su cifra, que da a Colombia el “honor” de ser campeón, a nivel americano y subcampeón en el concierto mundial, en el “deporte” brusco de producir desplazados.


Ser bueno o malo no tiene ciencia; supone capturar una universidad como la de los Llanos, ejerciendo la astucia indecente feroz, a través de ardides politiqueras, clientelistas, para proveer empleos, contratos y otros muchos “pescados” a grupos particulares articulados a los carteles de la industria politiquera, que junto a las industrias de la violencia, de la escuela y la salud, han sido y son de las más prósperas, viviendo del sudor y la sangre de otros, y esquilmando, furiosa y cruelmente, a la mayoría de la población colombiana. El problema está en que, al final, por la tenaz dinámica globalizadora, el negocio, inaugurado por la clase parasitaria española, que engendró a la clase parasitaria de los criollos, hace más de 500 años, de vivir de los esfuerzos denodados, de toda una vida, de la sangre y el terror de los demás, que son legión, cada vez es menos rentable, menos popular, tiene menos glamour en el imperio de las redes sociales.


En fin, con las presiones demográficas, globalizadoras, destructoras del medios ambiente y de su vida, ser bueno o malo, incluso, en la Universidad de los Llanos, ya no es tan buen negocio para grupos exiguos, fanáticos y parasitarios, y por supuesto, será siempre un muy mal negocio, para la mayoría de la población, aunque, como lo demuestran las turbas, relativamente fieles, de un mesías, depredador en grande, del siglo XIX, exitoso en el arte de embaucar y encandilar, en el siglo XXI, la mayoría de esas mayorías prefieren vender el alma de su sudor y su sangre a las lentejuelas hipnotizadoras y manipuladoras de RCN, CARACOL, de la industria escolar, de la de la salud, de la de las TIC y, de otras muchas agencias del control del pensamiento, todas ellas produciendo y reproduciendo un ethos que da el pescado a la mano tendida y, baila y canta, desmembrando cuerpos con la motosierra, usufructuando la riqueza que queda de sus esfuerzos de décadas.


Ser bueno o malo no tiene ciencia, es muy fácil, y sobre todo, va siendo un negocio cada vez menos boyante para una parte pequeña, pudiente y clientelar, de la población colombiana, y así lo sientan diferente, es un muy mal negocio, para las mayorías nacionales.


En estos tiempos, cuyo apocalipsis no lo anuncian las fábulas y parábolas bíblicas, sino los hechos y las tendencias de la realidad real, horneadas y dibujadas, en esencia, por el ser humano, ese animal insaciable y fanático, cuando está en minoría de edad cultural (esclavitud-irresponsabilidad), el buen negocio, el gran negocio gana-gana, es ser justo, o, situarse, seriamente, en la tendencia cultural que lleva a ser justo, lo cual significa crecer integralmente en el contexto de la dificultad.


Asumir el reto de ser justo, como lo pensó con precisión Victor Hugo, es difícil, bien difícil pero es el gran negocio gana-gana y la mayoría de edad cultural (libertad-responsabilidad) no hace lo que le gusta sino lo que es útil. Por supuesto, después de practicarlo y repetirlo, con disciplina, lo útil, lo difícil, termina en bocato, “enamorado” uno de la cultura de la dificultad, de lo justo.


“Si alguien te pide un pescado, no le des un pescado, enséñalo a pescar”, tómate el trabajo de pensar al que tiende la mano, gestiona para él un ambiente de aprendizaje centrado en el pedigüeño, estúdialo con especial esmero, y ya encontrará la manera de que, torpemente, al principio, tome la caña, ponga la carnada en el anzuelo, tire el cordel a las aguas del río venido a menos, y, aprendiendo, lentamente, el arte de la paciencia que nos enseñó El viejo de Hemingway, el pescado, los pescados aparecerán, y por supuesto, no olvides cuidar el río y que el novicio aprenda a cuidarlo. Aprender a pescar, a pescar bien, lo cual implica, también, aprender a cuidar el río, no es nada fácil, es difícil.


La mano tendida que recibe el pescado en una milésima de segundo, no tiene ciencia, es pan comido, pero es el peor negocio. La mano tendida que aprende a pescar un pescado, dos pescados, a cuidar con esmero el río que le permitirá pescar muchos pescados, invierte ene veces más tiempo, un año, dos años, que la que recibe el pez, ha dejado de ser pedigüeña, asistida, no ha sido tratada con bondad ni con maldad sino con justicia, se ha la ha llevado, con su conciencia crítica, a la cultura de la dificultad, a que se valga por sí misma, y tanto, quien ha ejercido el ser justo como el que ha entrado en ese complejo ejercicio, ganan por partida doble: uno más que no solamente toma, uno más que se vale por sí mismo, que en el grupo, pone y toma, pues ser justo, implica, entre muchas otras cosas, que todos ponen y todos toman, a cada cual según su mérito.


Ganan por partida doble, pues el justo y el que va camino a ser justo, a ser mayor de edad cultural, libre-responsable, aumentan la audiencia de Los justos, de esos, quienes, según Borges, están salvando el mundo, simbólicamente, por supuesto. Para que realmente salven el mundo, los justos necesitan ampliar, firme y sostenidamente, la audiencia, y dada la cercanía del apocalipsis no bíblico sino real, muy real, la especie humana, algún día leerá el bello poema Los justos, y así muera, más temprano que tarde, preguntará, trémula, por su significado.


Ser bueno o malo, no tiene ciencia; significa confundir la democracia con el abuso de la estadística, lúcida ironía borgiana. Por supuesto, la democracia no son las elecciones; cuando la democracia se circunscribe a lo electoral, no hay democracia: estamos ante la dictadura de la industria politiquera. La dictadura electoral, “democrática”, de la industria politiquera domina casi todo el concierto de la nación colombiana, y se instaló en la Universidad de los Llanos, con especial fuerza, desde que empezó a aplicarse la “democracia” participativa, contenida en la ley 30, en la década del 90 del siglo pasado.


Al agenciar la dictadura electoral de la industria politiquera en la Universidad de los Llanos, con el señuelo de la “democracia” participativa, su comunidad ha estado siendo bueno o mala, pero no justa. Buena, con todo el cartel clientelista que controla y hegemoniza, con mano de hierro, la industria politiquera en Unillanos. Mala con la mayoría de los estudiantes, padres y madres de familia, y en el fondo, con toda la comunidad de la Orinoquia, pues ha operado, Unillanos, esencialmente, como industria escolar, cuyo propósito central es titular, vender títulos, otorgando méritos al título, y natural, sin titular los méritos, como tendencia general.


Ha sido buena y mala, la Universidad de los Llanos porque está perdidamente enamorada de la cultura del facilismo, del asistencialismo, de tender la mano para recibir muchos pescados, su peor negocio, pues la ha postrado como a un anciano preñado de achaques, siendo, todavía, una criatura joven. La dictadura electoral y el monstruo clientelista y politiquero que la controla han logrado hinchar su cuerpo, un cuerpo que hace agua por todos lados, como regla.


Que Unillanos haya sido y sea buena o mala, ha sido y es su peor negocio, porque, las presiones demográficas, globalizadoras y el sostenido deterioro del medio ambiente y su trama vital, le están pidiendo la monstruo clientelista, politiquero e improductivo que muestre sus méritos y la hidra esconde sus cabezas, con astucia y sin vergüenza, y tira a su comunidad educativa el guante de la acreditación de alta calidad para que la tramite como esclava y dependiente, una contradicción en los términos con la naturaleza de la universidad, forzada a hacer “milagros” y trabajando a destajo, sobreesforzándose, cual cuadrilla de bueyes en un trapiche gigante, pues la industria politiquera no sabe cómo pagar tan abultada factura y mira para otro lado.


Pero la comunidad de Unillanos, que ha sido buena o mala, no puede mirar para otro lado, escurriendo el bulto, como hace el monstruo clientelista, politiquero e improductivo, y ya el peor negocio ha sido hecho y no tolera otra chambonada: le corresponde, en el presente horizonte de época, hacer el gran negocio de su vida, el gana-gana de intentar ser justa, pasando de la zona de confort del facilismo a la zona de adversidad de la cultura de la dificultad, lo útil, así no le guste; le corresponde hacer el rito de paso y comportarse como un mayor de edad, libre-responsable.


Que intente ser justa, comportarse como mayor de edad implica que no puede, en esta oportunidad, darse el lujo de confundir la democracia con el abuso de la estadística, que debe asumir el reto, altiva y valientemente, de entrar en la cultura de la dificultad y construir democracia.


Construir democracia le implica, a la comunidad educativa de Unillanos, asumir la claridad meridiana de que el gobierno del pueblo, no significa su manipulación y su esclavización. Significa, el gobierno del pueblo, la activación inteligente de su cerebro colectivo, desde las bases mismas, pues el tigre hambriento no va a salvar las ovejas.


Sus autoridades académicas y administrativas elegidas en octubre de 2015 y designadas antes de finalizar 2015, deben corresponder a sus más destacados representantes, los más idóneos, por sus méritos, en dos grandes campos: en el conocimiento universal y específico de su responsabilidad y en su conocimiento y coherencia ético-política, de tal manera que, llegados a su cargo, por el trámite justo, difícil, de una democracia sin comillas, sean responsables y capaces de gestionar justicia, política, sin comillas, auspiciando, desarrollando y consolidando un orden productivo, sostenible, científico, filosófico, artístico y de sabiduría comunitaria.


Un orden productivo, científico, filosófico, artístico y de sabiduría comunitaria, como debe ser, como lo ordena el PEI, el PDI y las normas que lo reglamentan, como lo pide a gritos la comunidad de la Orinoquia y de la Colombia, toda, pero sobre todo, la herida y famélica.


Como lo hace inevitable la presión globalizadora, con sus urgencias productivas y ambientales que engendra las urgencias de la acreditación de alta calidad, nunca un rito de paso, en la Universidad de los Llanos, ha sido tan claramente colocado en el centro de la escena, como un maravilloso y sugestivo desafío para su comunidad educativa, nada opcional, en este presente oscuro.


Encender las velas que provengan del rito de paso hacia la cultura de la dificultad para ejercer justicia, democracia y política, todas sin comillas, para que la comunidad educativa de la Universidad de los Llanos se oriente y crezca, altiva e integralmente, en la densa oscuridad, sin maldecirla, del presente horizonte de época, es su gran negocio gana-gana, su gran potosí.


¿Empezará, la Universidad de los Llanos a salir de la trampa politiquera, clientelista e improductiva, en la que ella misma, feliz, se metió, aprovechando la coyuntura electoral, cuyo proceso ya comenzó? No podemos salir, cómodamente, del interrogante, con “sólo el tiempo lo dirá”. Es nuestro deber asumir, valiente y tenazmente el desafío: nosotros, las bases de la comunidad educativa de la Universidad de los Llanos, lo diremos, aprovechando autónoma, ágil y productivamente el tiempo.


Lo diremos nosotros, profundizando la cultura democrática, política, ética y de justicia, para no tener que darle la razón al peso de la biologia expuesto por el lúcido pensador D.H. Lawrence: “La ley del mundo es aprovecharse de los otros, sino queremos que los otros se aprovechen de nosotros”.





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